22.2.13

ANETO, SIN CRUZ




Sábado, 12 de mayo de 2000. Son las 5 de la mañana cuando suena el despertador.

Estamos durmiendo dentro del coche “familiar” de Narci y al abrir el ojo vemos que está cayendo agua por un tubo. Media vuelta y a seguir durmiendo.

A eso de las 7 oímos gente pasar: “levanta que ya no llueve”. Preparamos todo corriendo, desayunamos algo y para arriba.

Pateada con los esquís a cuestas hasta la Renclusa, en donde cogemos agua y nos calzamos los esquís.

Me coloco los cascos del walkman para no oír el ruidito que hace la fijación a cada paso y tiramos sin parar hasta el Portillón Inferior, que para ir con tablas es mejor al no tener que quitárselas para pasarlo. Ahí comemos algo (la barrita de rigor y el trago de agua con polvos mágicos).

Desde el Portillón Inferior hay un cuestón, ya en el glaciar, hasta el Collado de Coronas: parada para abrigarnos ya que la temperatura había bajado considerablemente y además hacía un viento muy fuerte.

Desde Coronas hay unos trescientos metros de desnivel hasta la antecima del Aneto, en donde dejamos los esquís dispuestos a pasar el Puente de Mahoma. Nos encontramos con gente (muy poca, por cierto) que se lo están pensando porque las condiciones son muy, pero que muy malas.

Yo, que no lo veo claro, le digo a Narci que por mí hasta ahí hemos llegado, pero me dice “no ha habido una sola vez que haya subido hasta aquí y no haya pisado la cumbre” y uno, que es muy obediente, le sigue.

Mil metros de patio a cada lado, nieve cantidad y podrida, un viento del carajo, sin seguro ninguno; pero a final pisamos cumbre, pero ¿DONDE ESTA LA FAMOSA CRUZ DEL ANETO?, pues no está ¿la habrá arrancado el vendaval?

Hemos tardado desde el coche cuatro horas y veinte, incluidas paradas. Un horario de cine.

Un ratito de cumbre, eso si con la Pilarica, que si que está, unos panchitos y vuelta al “pasito” del moro.

Llegando al final de la cresta nos encontramos con tres personas que las están pasando canutas y deciden dar la vuelta. Llegamos de nuevo a la antecima sin contratiempo, nos calzamos los esquís y venga, 1500 metros de desnivel esquiando, al principio por una nieve estupenda, pero a medida que bajamos peor y peor.

En una de esas me caigo y me cuesta un trabajo de órdago levantarme, al estar la nieve muy húmeda y profunda.

La pelea con la nieve húmeda me desfonda por lo que la, esquiada, en principio, estupenda se me convierte en un calvario: empiezo a hacer Morse (o lo que es lo mismo raya punto raya punto, siendo cada punto una caída).

Por fin y después de no sé cuanto tiempo llegamos a Aigualluts, final de la nieve.

Nos sentamos en la hierba (bueno, yo me tiro) y Narci, que de esto sabe un rato, me obliga a comer y beber para recuperarme.

Después poca historia ya. Pateada hasta el coche, que se hace interminable, pasando por ese curioso fenómeno geológico que es el Forao de Aigualluts, en donde las aguas que desaguan del glaciar del Aneto desaparecen bajo tierra para aparecer de nuevo en el Valle de Arán, en un lugar llamado Los Ojos del Judío.

Cuando llegamos a Benasque nos acercamos (como no) a Barrabés. Narci conoce al hijo del dueño y le pregunta por la cruz. Este pone cara de incrédulo y hace una llamada.

Al parecer ha habido una semana de mal tiempo y vientos huracanados por lo que nadie había subido a la cumbre desde hacía días.

La incógnita se deshizo cuando se vio que la cruz estaba doblada bajo la nieve por el fuerte viento.

La cruz del Aneto medía cuatro metros de alta, pero desde que la volvieron a poner es más corta.

Y colorín colorado……

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