29.6.11

40 años de montaña.

¿Qué puede provocar más entusiasmo en un joven que descubrir una pasión que le llenará durante toda su existencia? ¿Acaso ser alpinista no es la mejor forma de aproximarse al cielo tanto físicamente como espiritualmente? He tomado la decisión de vivir intensamente, tuteando al riesgo. Me preguntan constantemente por qué escalo, la respuesta se halla en las fotografías que he tomado, ellas abren una ventana sobre ... mis vivencias". Erhard Loretan, guía suizo (descanse en paz)



Corría el año 1970 cuando un amigo con el que salía a jugar, porque con esa edad y en esa época jugábamos, empezó a no estar los domingos en Madrid. Era un chaval al que yo apreciaba bastante y un día le pregunté que a donde se iba. Me dijo que se iba de “marcha” con su hermana y el novio. Y ¿que eso? le pregunté, pues nos vamos a hacer marchas a pié por la sierra con un club de montaña, me dijo. El club se llamaba TIJ. Yo me quedé con la copla y otro amigo me propuso hacerme de la OJE, a lo que mi padre, que vivió la guerra civil y sus miserias, se negó en redondo. La OJE tenía un muy definido corte falangista, eran los años de la dictadura, y mi padre no quiso que me distinguiera por ningún signo político. El caso es que un día del año 1971 la hermana de mi amigo me invitó a ir a una de esas marchas serranas y en casa me dejaron que fuera. No se me olvidará nunca: fue la marcha del GRUMBE (Grupo de Montaña del Banco de España). Que paliza para mí, que no estaba acostumbrado. Mi madre me había comprado unas Chirucas, de aquellas de lona marrón, y una mochila Altus, también de lona. La ropa la de calle: vaqueros, una cazadora y un jersey de lana que mi madre me había hecho. En esa marcha te daban un trofeo cuando acababas y que guardo en casa el del año 1973.




Así, poco a poco y a base de irme andando al instituto para ahorrarme el autobús, me fui comprando todo lo necesario para esta actividad: saco de dormir, botas, pantalones bávaros (de pana, claro), etc…. Recuerdo especialmente el estreno de las botas, unas Kamet mixtas (que aún conservo). Fue una travesía desde el Cardoso de la Sierra hasta la Pinilla, pasando por el Pico del Lobo. Aquello fue un infierno. Las “botas malayas” me hicieron rozaduras hasta en las pestañas. Pero no te podías quedar a la mitad y, aunque de los últimoa, llegué al final. Cuando las miro ahora no me explico cómo la gente podía esquiar con aquello, eran malas para todo.
Tampoco se me olvida mi primera noche en el monte. Fue en la Sierra Cebollera, en donde estrené mi saco de momia con cremallera (que también conservo) durmiendo en una tienda de campaña. No recuerdo la época, pero había moscas a trillones y hacía mucho calor.




Así fueron pasando los años con salidas, no muy frecuentes, y en los que fui conociendo otra gente aficionada a este mundo del monte. Eso si, siempre por la Sierra de Madrid. Íbamos en el tren a Cercedilla o en los autobuses de La Madrileña, que salían del Paseo de la Florida, al Puerto de Navacerrada.




En aquella época tenía otra afición, que era jugar al fútbol. Me impedía ir a muchas salidas, por lo que pasaron años en los que apenas salí a la montaña.




A los 17 años tuve la gran suerte de conocer a Isabel y la fui enganchando a este mundo montañero.




A partir de tener carnet de conducir empezamos a ampliar nuestras salidas a Picos de Europa y Pirineos, a donde fuimos por primera vez en 1981.




En la mili conocí a Luis, que me llevó por primera vez a Gredos y con el que me até a una cuerda para escalar en serio también por primera vez, aunque yo ya había hecho algún “pinito” antes en escalada artificial. En el trabajo empecé a jugar al fútbol los sábados, en vez de los domingos, así tenía la oportunidad de salir los domingos al monte. Posteriormente dejé el fútbol (cómo me arrepiento de no haberlo hecho antes) y me empecé a dedicar al monte cada vez con más frecuencia. Conocí nueva gente. Empecé a esquiar, y en un curso del club Peñalara conocí a Narciso, con el que tanto he aprendido.




Además del Peñalara he pertenecido a varios clubes: el TIJ (posteriormente Club Alpino Maliciosa), el Caldeiro, el Galayos (que tenía su sede en una buhardilla de la Plaza Mayor), el Alpino Popular, el CESIC, el Montañeros Madrileños. Al final me estuve federando por mi cuenta hasta que hace tres años me afilié al CAF (Club Alpino Francés), que es bastante más barato y te ofrece y te cubre muchas más cosas que estos de la Federación Madrileña de Montaña. No me explico cómo les quedan socios ahora que existe Internet y te puedes asegurar en cualquier país. Desde los cuarenta años mi actividad ha ido creciendo, con nuevos amigos, nuevos horizontes y, siempre, con Isabel.
He hecho casi de todo, pero la actividad que más me satisface, con diferencia, es el esquí de montaña o travesía.Este año hemos hecho la Alta Ruta de la SilvrettaAhora se cumplen 40 años desde mi primera salida a la montaña y cada vez me apasiona más. Nunca he sabido definir la sensación que me producen las cumbres, quizás la libertad que se siente o la belleza del paisaje, o la solidaridad con los compañeros, no se, pero hace poco una buena amiga me definió perfectamente cuál es el sentimiento: “se te abre el alma”.Espero que la salud me permita seguir gozando de esta maravillosa pasión junto con Isabel y también con cualquier compañer@ que quiera compartir este maravilloso embrujo que son las montañas y en las que, de verdad, cabemos todos y todos somos iguales.




Nos vemos en la cumbre.

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