17.10.10

ALASKA, la última frontera

FOTOS:
http://cid-ea0d30d6a7d1fc87.photos.live.com/browse.aspx/ALASKA%5EJ%20la%20%C3%BAltima%20frontera

VIDEO:
http://www.vimeo.com/15004513


Hemos estado dos semanas de
vacaciones en Alaska. El grupo lo componemos Silvia, Jorge (el Tato), Puri,
Enrique, Isabel y yo.

La verdad es que es difícil de
definir y de contar como es aquello, yo creo que lo de la "última frontera" le
viene que ni al pelo.

Después de un interminable viaje
en avión, vía Chicago, llegamos a Anchorage, que es una de esas ciudades norteamericanas impersonales hasta
decir basta y que no tiene nada de interesante. Llueve

Al día siguiente partimos hasta
Talkeetna, ya que tenemos contratado un trekking de cuatro días en esa zona.

Talkeetna que
es un sitio peculiar. Después de haberlo oído nombrar infinidad de veces, ya
que es de donde parten las avionetas que llevan a la gente al campo base del
Denali (McKinley), nos encontramos con que es solo una calle sin salida con
varios edificios bastante antiguos y alguna cabaña de madera. Y ya está, no hay
más, eso sí, casi todos son bares y tiendas de regalos.

Por la tarde quedamos con los
guías para el trekking. Llueve.

Al día siguiente, y después
(según nos contaron) de 34 días seguidos lloviendo, amanece un día estupendo.
Vienen a buscarnos y nos llevan a una de las innumerables casas que hay
escondidas por el bosque, y que es en donde vive la gente por allí. No hay
calles asfaltadas, todos son pistas y es prácticamente imposible encontrar la
casa de nadie si nos vas con él.

Preparamos los bultos y vamos a
un lago, desde nos llevarán en avioneta a nuestro destino para comenzar la
pateada.

Lo del viaje en avioneta es nuevo
para casi todos nosotros y merece mucho la pena.

Nos dejan en un lago que se llama
Cris Cross, o algo así, en donde ya están montadas las tiendas.

Que si nos dejan, que si elegimos
tienda, que si nos acoplamos y allí nos dejan con Wade, nuestro guía (este
merece un capítulo aparte).

Con nosotros viene también una
chica inglesa (Pam) y que está de vacaciones, después de haber estado dos meses
en Canadá. Es oficial del ejército británico y son ya sus últimos días en
Alaska.

Comida, vueltecita por la tarde,
con avistamiento de osos y caribúes, y
al saco, después de una buena cena que nos prepara Wade.

El lugar en cuestión está en las
Talkeetna Mountains y no hay sendas o caminos por donde moverse. Es tundra, con
un suelo lleno de plantas, arbustos y humedales en donde se hace necesario el
uso de guetres para no ponerse hasta las trancas de agua. En algunas ocasiones
parece que vas andando por esos colchones aire que le ponen a los niños en las
ferias.

Al día siguiente levantamos el
campamento y nos vamos con dirección a otro lago, situado en un collado, y del
tenemos excelentes vistas del Denali.

Para llegar hasta allí vamos
buscando camino, moviéndonos por un terreno que nos resulta bastante complicado
de andar., con rio que nos las vimos deseamos para cruzarlo.

Tenemos que pararnos, sin hacer
ruido, ya que se nos ha cruzado una osa, a la que hacemos fotos y observamos
durante un rato. Como no se mueve tenemos que dar un rodeo. En total unas 8
millas de recorrido, con la única dificultad del terreno y del peso que
llevamos.

El atardecer es espectacular,
dominado todo el panorama el Denali, del Hunter y el Foraker. Que montañón. Es
la montaña más alta de Norteamérica con más de 6100 metros de alitud.

Amanece, desayuno y ascensión a un
pequeño pico llamado Bald Mountain, hasta la hora de la comida. Después
recogemos las tiendas y nos vamos hacia el último lago, en donde nos recogerá
al día siguiente la avioneta.

El lago al que vamos no tiene
nombre pero Wade lo llama Moonshadow Lake. Es tan bonito que le viene el nombre
al dedillo.

Montaje de tiendas, cena y a
dormir, después de tutiplén de fotos.

El avión vendrá a las cuatro de
la tarde, por lo aprovechamos para ascender a Medicine Hat, pequeño monte con sorpresa, y
desde el que hay un extensa vista sobre interminables bosques y un par de
enormes ríos, hacia la zona de Talkeetna.

Habíamos visto con los
prismáticos una osa con dos cachorros y, al llegar a la cumbre nos los
encontramos. En silencio nos acercamos a menos de 25 metros (too closed, dice
Wade, osea, demasiado cerca), después de un rato la osa se cosca de nuestra
presencia y la cosa se pone tensa. Al final Wade le tira una piedra y le da
unos gritos y, joder como corrían. Espectacular, aunque muy tensa la situación.

Bajamos comemos y hacemos balance
mientras esperamos el transporte: cuatro días de buen tiempo con un paisaje
desconocido para nosotros y en el que la naturaleza se desborda por los cuatro
costados.

Wade: el tipo tiene 24 años y
vive en Alaska siempre (otra gente solo está allí para el verano, de junio a
septiembre). Es guía de montaña, esquí, caza, pesca, kayak, rafting…..

Caza alces y pesca para su
consumo propio, ya que los residentes en Alaska lo pueden hacer libremente. El,
al ser guía, con más razón.

Hace unos inviernos se fue durante
dos meses con la tienda de campaña a vivir de lo que cazara, pescara o recolectara.,
para luego vender las pieles y tener así un extra.

Nos cuenta que fue muy afortunado
al poder cazar en sus trampas (si, si, trampas) a dos lobos.

De hecho, la comida que nos
prepara durante esos días la ha llevado congelada: alce y salmón de su cosecha,
además de ir recolectando bayas y setas por el camino.

Me rio yo del pavo ese que sale
en los documentales “El último superviviente”

Al parecer también hay un
documental del Dicovery Channel que habla de esta “aventurita”.

Al día siguiente tenemos
reservado un vuelo hasta el glaciar en donde dejan a los alpinistas que van al
Denali, con vueltecita alrededor de la montaña. No puede ser, el tiempo es
horrible, así que nos vamos hacia el Parque Nacional de Denali.

Existe una carretera, perdón,
pista de 97 millas que tienes que recorrer obligatoriamente, ya que no dejan
pasar coches particulares, en un autobús y que tenemos ya pagado. Once horas de
pista lloviendo y sin poder ver la montaña por el mal tiempo. Eso si, mogollón
de fauna.

Nuestro siguiente destino es
Valdez, en el sur, y para ello hemos de atravesar la Denali Highway, 133 millas
de las que 125 son por pista en la tundra y rodeada de montañas:
indescriptible.

Valdez es una población marítima,
famosa por el naufragio en 1989 del petrolero Exxon Valdez.

Desde allí hacemos un pequeño
crucero por su extensa bahía, en el vemos nutrias marinas, leones marinos y un
par de ballenas. El día es bueno, al menos no llueve, y se ven las montañas y
glaciares que la rodean.

Siguiente destino y último antes
volver a Anchorage: Seward, también en la costa, en la península de Kenai.

Hasta allí vamos en un ferry, con
el coche dentro, y tenemos contratado un recorrido en Kayak hasta un fiordo
para ver morir en el mar el Aialik Glacier. El día es de lujo.

Son dos horas y media hasta el
fiordo en un barco y luego unas 8 millas ida y vuelta en kayak.

El recorrido por la costa no
tiene desperdicio, tanto el paisaje como la fauna que vemos.

Vamos un poco asustados por la
cosa de meternos en un kayak en el mar, pero el agua está como un plato y,
remando remando, llegamos a unos doscientos metros del glaciar. No te pudes
acercar más por la caída del hielo, las olas que se forman y los pequeños
icebergs que suelta al agua.

El ruido que hacen los bloques de
hielo, que flotan por el agua, es como el de los truenos en días de tormentas.
Es “im-presionante”, todos nos quedamos pasmaos a la vista de tal espectáculo.

Ultimo día: subida con guía hasta
el glaciar Exit Glacier: Crampones casco y bastones, con un desnivel de 600
metros y recorrido entre las enormes grietas del glaciar. Poco alpino, pero muy
bonito e instructivo, ya que el guía es argentino y sabe un huevo de geología.

Todos los glaciares de la
Península de Kenai caen desde el Harding Icefield, que es el segundo campo de
hielo más grande de Norteamérica, aunque están en retroceso, y las lenguas están
a una altura sobre el nivel del mar de entre 180 y doscientos metros, además de
los que caen directamente al mar.

Y hasta aquí nuestro inolvidable
viaje por la “última frontera”, como dicen ellos. O al menos por una pequeña
parte, ya que Alaska es casi cuatro veces España, habiendo vastos territorios
deshabitados e, incluso, inexplorados.

Hemos vistos osos negros, alces, caribúes,
lobos, águilas de cabeza blanca y de otras, castores, nutrias, focas, leones
marinos, cabras blancas de Alaska, ballenas, salmones enormes….solo nos ha faltado el Grizzlie (oso
pardo), que aunque por todos lados indica que hay a montones y lo que hay que
hacer si te encuentras con uno, no se ha querido dejar ver.

Inolvidable.


Las fotos: http://cid-ea0d30d6a7d1fc87.photos.live.com/browse.aspx/ALASKA%5EJ%20la%20%C3%BAltima%20frontera?sa=75900496

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